La nueva producción literaria del periodista será presentada este sábado 1, a las 13.30, en la Feria del Libro. Promete un viaje inolvidable recreando momentos, personajes y lugares pasados.
En más de 350 páginas, el periodista juninense Ismael Canaparo evoca personajes, historias y lugares de nuestra ciudad junto a figuras que forman parte de la memoria colectiva de los argentinos. Su nuevo libro “Retazos” será presentado este sábado 1 de agosto a las 13,30, en la Feria del Libro, que se desarrollará en el SUM de Newbery 348.
Arturo Viora, Tito Pette, Omar Decarre, Pocho Luca y el “Tero” Ghioni transitan las páginas, entre otros, con Pichirica Sánchez, Melatini, Pepe Buono, Agustín Prezioso, Alberto Haylli y Dora Lebensohn.
El fútbol surge con Edgard Aramburo, Taliche Lombardi, el “Patón” Atondo, Coco Pelli, Peteca Molina, Felix Tobalina… también se evocan escenarios emblemáticos como la cancha del “Turco” Lorenzo o tradicionales peluquerías de antaño.
El autor de “Eternidad fugaz” y “Taqueta, habilidosamente intacto” también suma figuras como Zitarrosa, Serrat, Fioravanti, Nicolino Loche, Roberto Arlt…
El volumen acumula “retazos” de momentos, personajes y lugares pasados, retratados por la pluma mágica y única de un periodista de estirpe: Ismael Canaparo. Que se adentra de esta manera en su nueva aventura literaria, en la que pone toda su capacidad en recrear mundos juninenses que intenta salvar del olvido.
“Retazos”, una edición de Tres Lagunas, contempla un abanico muy amplio: desde nostalgias por los trenes que ya no están, hasta el recuerdo de músicos, la presencia de periodistas; de qué se trata la juninidad; dónde están las “esquinas” de la ciudad, Zitarrosa, Aute y Serrat. Y muchísimo más en un viaje que promete ser inolvidable.
La presentación, prevista para este sábado 1 a las 13.30, en el SUM “Mario Meoni” de la UNNOBA, contará con el aporte musical del “Dúo Capo”, integrado por Hilda Isaac (piano), Raúl Romano (flauta traversa) y Mercedes Capurro (voz).
UN ADELANTO DE “RETAZOS”
En coincidencia con la celebración de “Borges vuelve a Junín”, como reza la convocatoria de la Feria del Libro, un adelanto de “Retazos” que incluye la figura del escritor:
El Borges futbolero
Hace veintisiete años atrás, al cumplirse el centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges, el periodismo argentino desparramó decenas de notas especiales sobre su vida y su trabajo literario. Es casi seguro que el poeta se hubiese sentido horrorizado ante tan despiadada masificación borgeana. Despreció el populismo, el fútbol, lo obvio, las tendencias del mercado y los medios periodísticos, que, en ese momento, curiosamente, lo ensalzaron como si se tratara de un cosmético, un cero kilómetros o una modelo top.
Tenía una larga hilera de nombres en su documento de identidad: Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo. Este inolvidable escritor, poeta, ensayista, traductor, crítico literario, bibliotecario, profesor y editor nació el 24 de agosto de 1899, en Buenos Aires, y murió el 14 de junio de 1986, en Ginebra (Suiza). En su extenso ideario literario, utilizó los siguientes seudónimos: Alex Ander, Benjamín Beltrán, Andrés Corthis, Pascual Güida, Bernardo Haedo, José Tuntar, Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch.
El escritor logró, de una manera impensada, instalarse como un “tercero necesario” en la historia viva del país. Si Carlos Gardel canta cada día mejor y la camiseta Nº 10 ya jamás tendrá un dueño que no sean Lionel Messi o Diego Maradona, Borges se transformó, obviamente sin imaginarlo, en el “sepulturero del futuro literario argentino”.
A nuestra manera, queremos sumarnos al rescate de libros, reportajes, entrevistas, videos, reuniendo algunas reflexiones de Borges sobre el fútbol, que ciertamente no fueron para nada tolerantes ni benévolas con el “más popular de los deportes”. He aquí los párrafos que le dedicó, desde 1975 hasta un año antes de su muerte:
“Los argentinos son más fieles a un trapo (en alusión a la camiseta de un equipo) que a sus propias mujeres e hijos”.
“Jamás he presenciado un partido entero en mi vida. Primero, porque soy casi ciego. Segundo, porque es parte del tedio. Además, porque la gente que asiste a esos encuentros no va por el fútbol en sí, como deporte, sino exclusivamente para ver ganar a su equipo”.
“El fútbol es feo estéticamente. Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota, no son especialmente hermosos. He visto, en mi vida, como medio partido de fútbol. Fui una vez y fue suficiente, me bastó para siempre. Fuimos con Enrique Amorim. Jugaban Uruguay y Argentina. Bueno, entramos a la cancha, Amorim tampoco se interesaba por el fútbol y como yo tampoco tenía la menor idea, nos sentamos. Empezó el partido y nosotros hablamos de otra cosa, seguramente de literatura. Luego pensábamos que se había terminado, nos levantamos y nos fuimos. Cuando estábamos saliendo alguien me dijo que no, que no había terminado todo el partido, sino el primer tiempo, pero nosotros igual nos fuimos. Ya, en la calle, yo le dije a Amorim: “Bueno, le voy a hacer una confidencia. Yo esperaba que ganara Uruguay -Amorim era uruguayo- para quedar bien con usted, para que usted se sintiera feliz”. Y Amorim me dijo: “Bueno, yo esperaba que ganara Argentina para quedar, también, bien con usted”. De manera que nunca nos enteramos del resultado de aquello, y los dos nos revelamos como excelentes caballeros. La amistad y el respeto que ambos nos profesábamos estaba por encima de esa pobre circunstancia que era un partido de fútbol”.


