Más allá de los desaforados festejos oficialistas por el desembarco de Mc’Donalds, lo cierto es que la llegada de este tipo de franquicias no movieron la aguja del empleo y el consumo para la ciudad, porque no aportan sino que se llevan recursos.
Dicen que son 85 puestos de trabajo, para la franquicia de una cadena internacional que se llevará dinero juninense en una cantidad superior a la que ingresarán por esos sueldos. Lo mismo sucedió hace poco con la promocionada Mostaza, a la que le cedieron terreno y le pavimentaron las calles.
No hay números concretos, pero el shopping de la terminal (al que construyeron mucho más rápido que los 12 años que tardaron para el espacio para micros) parece que sólo albergará marcas foráneas.
Pero, para el oficialismo local, esto es un éxito. Tal vez hasta con mayor entusiasmo que con la primera hamburguesería, el intendente de licencia y senador Pablo Petrecca hasta se permitió casi babearse por la llegada de la segunda, otra con la M.
El otro intendente, el interino, también está exaltado con la inauguración que será mañana.
Los dos hacen vista gorda y evitan contarle a la gente que no se trata de una “fábrica”, como les gusta decir, porque el verdadero crecimiento de una ciudad se produce cuando se utilizan recursos de la región para producir algo que luego pueda venderse al resto del país, y de este modo, traer los recursos económicos a la ciudad.
Acá, pese a la fiesta, es todo al revés.


