jueves, mayo 7, 2026
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Denuncian deficiencias en el servicio de salud y transporte de Saforcada

ESCRIBE: Francina Sierra, concejal.

El olvido es una forma de hacer política. No siempre se expresa en lo que falta construir, sino en lo que nunca se piensa, en lo que no se planifica, en lo que directamente no se incluye.

La localidad de Saforcada tiene aproximadamente 500 habitantes y está ubicada a 14 km de Junín. Un pueblo trabajador, de una marcada impronta rural, que percibe ese olvido porque las políticas públicas municipales que debieran acompañar la vida cotidiana no llegan.

Allí, los problemas son variados, pero fundamentalmente, tienen que ver con la carencia de políticas públicas en materia de salud, de transporte público y de niñez, adolescencia y familia.

El CAPS ubicado en la localidad no tiene personal suficiente, algunas especialidades médicas concurren sólo una vez por semana, y está abierto de las 8.00 a las 13.00 hs, siendo que los establecimientos educativos continúan sus jornadas escolares hasta las 16 y 18 hs sin ningún tipo de cobertura. El criterio de uso de la unidad de traslado no está claro, y finalmente, los niños, jóvenes y adultos a partir de las 13.00 hs quedan sin atención

Alguien dijo telemedicina? Esas ideas que se pretenden traspolar desde un escritorio a una localidad donde cualquiera que haya estado un ratito sabe que no va a funcionar. No sólo por las dificultades propias del manejo de la tecnología, sino por cuestiones materiales que tienen que ver con la falta de celulares adecuados en las familias y los problemas de conectividad en la localidad.

Allí mismo, se enfrenta un segundo problema: el del transporte público. Saforcada es la única localidad del partido de Junín que no tiene conectividad por ruta a través de un servicio de transporte público con la ciudad cabecera. La mayoría de las familias se trasladan en motos por Ruta N° 7, lo cual implica un riesgo enorme para la seguridad vial de los vecinos.

No poder salir de Saforcada de manera segura y accesible es un tercer problema. No sólo por el aislamiento, sino porque la localidad no cuenta con espacios de contención, programas o propuestas que incluyan a los niños y jóvenes, y que los proyecten hacia el futuro. Es decir, ni clubes ni actividades artísticas ni suficiente recreación.

En ese contexto, la vida se vuelve muy cuesta arriba. Las familias se organizan como pueden, supliendo con esfuerzo propio lo que debería garantizar el Estado Municipal. Y sabemos muy bien, que cuando el Estado se retira, la desigualdad y otras adversidades avanzan.

Los reclamos están hechos pero no encuentran respuesta. No se trata de una demanda puntual, sino de una ausencia estructural. Es la falta de una mirada que entienda que gobernar también es cuidar, prevenir, incluir. Que no alcanza con administrar, si no se construyen políticas que lleguen a todos los territorios. Y que, el olvido, va consolidando brechas cada vez más difíciles de revertir.

Hablar de esto es necesario porque detrás de cada política que no existe hay oportunidades que se pierden, trayectorias que se interrumpen, jóvenes que quedan a la deriva y familias que se desgastan.

Cada 7 de mayo, en conmemoración al natalicio de Eva Duarte, es el Día de la Justicia Social en la Provincia de Buenos Aires, declarado por la Cámara de Diputados en el año 2003 según Ley 13.071 e impulsado, entre otros, por la diputada provincial juninense m/c Mirtha Cure.

Hablar de justicia social implica mucho más que una consigna. Significa asegurar condiciones dignas de vida para todos los ciudadanos, independientemente del lugar donde vivan. La desigualdad territorial es una de las formas más silenciosas de injusticia. No siempre se mide en estadísticas, pero se percibe en cada calle sin asfaltar, en cada colectivo que no pasa, en la atención médica que no llega, o en cada proyecto de vida que se frustra por falta de condiciones materiales.

En este Día de la Justicia Social, invito a quienes toman las decisiones políticas en nuestra ciudad, a revisar estas desigualdades, a poner en el centro a quienes han quedado relegados y a transformar el olvido en presencia. Y a preguntarnos, qué tipo de ciudad estamos construyendo y quiénes están quedando afuera. No puede haber desarrollo sin inclusión, ni progreso sin igualdad.

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