martes, febrero 24, 2026
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El “sincericidio” de Patricia Bullrich que expuso el cinismo libertario

Al aire, la senadora de LLA reconoció que el escándalo de las licencias fue puesto adrede para “blindar” el FAL y otras reformas. Bullrich y su estilo desalmado.

Durante días, Patricia Bullrich sostuvo que el escándalo por la rebaja salarial ante enfermedades había sido un error. Una mala redacción. Un exceso corregible.

Esa fue la coartada inicial: torpeza técnica, no mala fe. Pero en televisión, sin tensión y sin repreguntas, la senadora libertaria decidió ir más allá. Y ahí apareció el sincericidio que desnudó la estafa legislativa.

Bullrich ya no habló del contenido del artículo cuestionado. Habló de su utilidad política. De para qué sirvió. Y cuando una dirigente con décadas de poder admite eso, el problema deja de ser interpretativo y pasa a ser institucional.

En A24, con un clima de charla amable, lanzó una frase que funcionó como llave de todo lo que vino después: “Es decir, nosotros nos hacemos cargo”. No se hace cargo del daño a los trabajadores. Se hace cargo del efecto político. De la maniobra, de la trampa.

La distracción como método

Lejos de retroceder, Bullrich avanzó con una admisión todavía más grave: “De alguna manera (lo de las licencias) me parece que blindó otros cambios que estaban tambaleando en Diputados”. No dijo que ayudó, no dijo que ordenó. Dijo blindó. La palabra es precisa y brutal, admitió que fue una mentira para proteger lo que más les importaba del proyecto y que estaba en riesgo: El FAL. Pero si lo de las licencias pasaba, pasaba.

Ese riesgo no era menor. Estas reformas estructurales no iban a pasar solas por su alto nivel de rechazo social. Cuando se menciona el FAL, Bullrich no duda, tampoco corrigió a los interlocutores. Simplemente explicó que: “No hay mal que por bien no venga… Sí, claro, el FAL estaba apuntado”.

La frase anula cualquier intento de relativización. El Fondo de Asistencia Laboral era el objetivo. Estaba en peligro. Y la polémica por otro artículo funcionó como cortina de humo para salvarlo. Y ahora además la “cancherea” como diciendo: “Miren lo vivos que fuimos”.

El FAL implica que fondos que antes iban al sistema previsional se utilicen para cubrir indemnizaciones, alivianando costos empresariales mientras se tensiona aún más la situación de los jubilados. Eso era lo que no pasaba solo. Eso era lo que necesitaba distracción.

El cinismo libertario

La confesión se completa cuando Bullrich agrega: “Estaba el FAL y estaban las cuentas sueldo también”. Fue más que un artículo aislado. Fue un paquete. Una táctica legislativa deliberada.

El método es que se instala un artículo brutal, se deja que estalle el escándalo, mientras tanto se blindan reformas regresivas, y luego se retira lo más escandaloso para simular escucha y corrección. No es un error: es ingeniería política. Como sucede con los infiltrados en las marchas. Todos métodos de engaño, falsas banderas y control social.

Todo esto ocurrió sin una sola repregunta incómoda. Nadie señaló la gravedad institucional de admitir una maniobra distractiva. Nadie marcó que se estaba describiendo el uso del debate público como señuelo. La complicidad mediática operó como garantía.

Patricia Bullrich esta vez fue honesta para “jactarse de su viveza”. Admitió una estrategia. Y cuando el poder confiesa su estafa al aire y no pasa nada, el problema ya no es solo quien gobierna, sino el sistema que normaliza el cinismo como forma de gestión.

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