Una banda profesional ingresó a la Galería Apolo del Museo del Louvre el 19 de octubre de 2025 y, en apenas siete minutos, se llevó ocho joyas de la Corona francesa valoradas en 88 millones de euros (cerca de 100 millones de dólares). Un año después, las piezas siguen sin aparecer y la investigación judicial continúa sin resolverse.
Los ladrones accedieron a la galería mediante un montacargas de mobiliario, estacionaron un camión con una escalera extensible en la calle, subieron al primer piso y, con una amoladora, cortaron una ventana para forzar la entrada. Según el entonces ministro del Interior, Laurent Nuñez, la banda actuó con “claramente profesional”.
Durante el asalto, cinco empleados siguieron el protocolo de seguridad: avisaron a las fuerzas de seguridad y protegieron a los visitantes. Los ladrones intentaron prender fuego a su vehículo al salir, pero un trabajador del museo lo impidió.
Entre los objetos sustraídos se encontraban un collar de diamantes y esmeraldas que Napoleón regaló a la emperatriz María Luisa, alhajas vinculadas a la reina Hortensia de Holanda y a la reina María Amelia, esposa de Luis Felipe, y la tiara de perlas y diamantes de la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III. La corona de Eugenia cayó durante la huida y quedó dañada cerca del museo.
Los sospechosos detenidos, identificados como Abdoulaye N. y Ghelamallah A. por el diario británico The Guardian, declararon ante los jueces que recibieron la orden de robar el Louvre por encargo de un cliente cuya identidad no revelaron por temor a represalias. Según transcripciones citadas por Le Monde, fueron reclutados apenas dos o tres días antes del golpe y utilizaron un video interno de la Galería Apolo como guía.
Abdoulaye N. describió la presión del reloj: “Si tardábamos más de tres minutos, sabíamos que había que irse”. Ghelamallah A. aseguró que desconocía el verdadero objetivo del encargo, creyendo que se trataba de una joyería en París. Ambos acusaron haber cobrado entre 15.000 y 25.000 euros por el trabajo.
En la huida, Abdoulaye N., exinfluencer con problemas financieros, dejó caer la corona de Eugenia y admitió haber aceptado participar a cambio de una cifra entre 15.000 y 20.000 euros, con posibilidad de cobrar más según el valor del botín. Ghelamallah A. habría pactado entre 20.000 y 25.000 euros.
Los dos acusados entregaron el botín al presunto organizador, quien expresó su descontento por el resultado: “Pensaba que podríamos habernos llevado más”. Ninguno de los dos proporcionó pistas sobre posibles cómplices y Abdoulaye N. informó haber recibido llamadas desde el exterior mientras estaba detenido, instándolo a guardar silencio.
El robo confirmó las alertas de seguridad que el Ministerio de Cultura francés había emitido tras una serie de robos en instituciones culturales. Aún se desconoce la identidad del cliente que encargó el asalto y la ubicación de las joyas desaparecidas, que siguen siendo objeto de una investigación que ha cruzado fronteras.


