Un estudio de la UCALP advierte que la precariedad laboral y las jubilaciones de subsistencia profundizan la exclusión habitacional en Argentina.
La crisis de acceso a la vivienda en Argentina ya no puede leerse únicamente en clave económica. Un informe de investigación de la Universidad Católica de La Plata (UCALP) advierte que el problema adquirió una “dimensión biosocial profunda”, que golpea con la misma fuerza a jóvenes que intentan independizarse y a adultos mayores que no logran sostener su hogar con ingresos de subsistencia.
El estudio, titulado “La vivienda en la Argentina: relaciones intergeneracionales”, fue dirigido por la contadora Marianela Ana Buono y el arquitecto Daniel José Buono, y contó con la colaboración de la Dra. María Teresa Sánchez Martínez, el Dr. Juan Antonio Maldonado Molina y estudiantes de las carreras de Contador Público y Arquitectura. La investigación revela una paradoja estructural: el sistema actual deja afuera a quienes necesitan iniciar su proyecto de vida y, al mismo tiempo, desprotege a quienes, tras décadas de trabajo, no pueden conservar condiciones dignas de vivienda.
Para la población joven, el acceso a la primera vivienda aparece como una meta cada vez más lejana. Aunque existen programas orientados a la “Casa Propia”, el informe sostiene que sus requisitos operan como un filtro excluyente. “Muchos jóvenes no pueden cumplir con la antigüedad laboral mínima de 12 meses o los niveles de ingresos netos exigidos (entre 1 y 8 salarios mínimos)”, señala el trabajo. La informalidad laboral y la condición de estudiantes regulares los deja fuera del sistema crediticio, profundizando un escenario de incertidumbre y postergación de proyectos personales y familiares.
Esta realidad no solo impacta en términos materiales, sino también en el plano social y emocional. El informe describe un clima de descontento entre los jóvenes, atravesado por la falta de oportunidades para progresar y alcanzar objetivos básicos como la autonomía habitacional, lo que termina reforzando dinámicas de dependencia prolongada o hacinamiento.
El otro extremo de la crisis
En el otro extremo, la investigación pone el foco en la situación de los adultos mayores. Con jubilaciones que rondan los 200 dólares promedio, según los registros, gran parte de este sector se encuentra en una lógica de supervivencia. Quienes poseen vivienda propia, en muchos casos, no cuentan con los recursos para mantener la infraestructura, lo que deriva en un deterioro progresivo de las condiciones de vida. Para aquellos que no son propietarios y carecen de redes familiares de contención, el escenario puede derivar en situaciones de extrema precariedad.
A diferencia de otros países donde se promueven políticas de “envejecimiento activo”, el informe advierte que en Argentina el adulto mayor enfrenta una pérdida sostenida de estatus social, acompañada por el aislamiento y la falta de acompañamiento institucional.
Como posible vía de abordaje, el equipo de la UCALP propone avanzar en Programas Intergeneracionales, experiencias aplicadas con éxito en otros países pero poco desarrolladas a nivel local. Estos modelos plantean un intercambio solidario: para los jóvenes, el acceso a una vivienda y el aprendizaje a partir de la experiencia de los mayores; para los adultos mayores, compañía, asistencia y una mejora en el bienestar psicosocial, reduciendo el aislamiento.
El informe concluye que la vivienda no debe pensarse sólo como un refugio físico, sino como un espacio donde se construyen vínculos y se sostienen trayectorias de vida. Sin políticas públicas y modelos habitacionales que integren las dimensiones sociales, cognitivas y psicosociales, la crisis habitacional seguirá profundizando la fragmentación social en la Argentina.


